Hay en América un pequeño país - El Uruguay - que
todos aceptaríamos por patria, porque tiene no sé qué de la perfecta madre.
Los mejores hombres de América cuando miran hacia él, le encuentran cuando
menos una de sus líneas amadas: o el sentido democrático, o la cultura. Si,
en algún tiempo, hiciéramos una sola cosa del continente español, tal vez
fuera la suya, la capital elegida por todos, sin celos ni vacilaciones. Esa
pequeña patria que ha ejercido magisterio sobre cada uno de nuestros pueblos,
suele mandarnos enviados a quienes recibimos como dardos de seda que, de mano
de Minerva, parten hacia los cuatro puntos cardinales. No son gestores de
negociados que vengan a darnos yugos económicos, ni políticos serpentinos
que ofrecen alianzas; son varones del Espíritu que hablan con palabra recta
y limpio corazón. .
Gabriela Mistral.